CORRER PARA VIVIR
San Antonio, un grupo de adultos mayores demuestra que la edad no es una barrera, sino una oportunidad para reinventarse. Con zapatillas, disciplina y una comunidad unida, desafían al cuerpo, al tiempo y al olvido.
Todas las mañanas, desde muy temprano, un grupo de mujeres y hombres de más de 50 años calienta los músculos y la voluntad. Entrenan duro. No por obligación, sino por elección. No por nostalgia del pasado, sino porque encontraron en el atletismo máster una manera de estar presentes, de afirmarse ante el paso de los años y de mirar el futuro con otros ojos.
“Yo decidí que no iba a ser un viejo hecho pedazos”, dice sin rodeos Juvenal Ugarte, de 75 años, uno de los emblemas del Círculo Máster Atlético San Antonio. Su cuerpo espigado y su mirada determinada lo confirman. Ha ganado tantas medallas que ya perdió la cuenta. Pero más allá del brillo metálico, lo que conserva intacto es el propósito: seguir adelante, mantenerse vivo por dentro y por fuera.
Junto a él, decenas de otros atletas mayores de 35 años —algunos recién iniciándose en el deporte, otros con años de experiencia— se preparan para competir en el XXII Campeonato Sudamericano de Atletismo Máster, que se celebrará en Santiago entre el 24 y el 30 de noviembre. Participarán en pruebas exigentes: 100 y 400 metros planos, 800 y 1500 metros, media maratón, lanzamiento de bala y jabalina. Pero el verdadero desafío no está en la pista: está en las creencias que derriban cada vez que corren.
Uno de los pilares del equipo es Higinio Bustos, el entrenador, el “profe”. A sus 78 años, sigue al pie del cañón. “Esto no es solo deporte, es vida”, afirma. Y cuando habla, se nota que no repite un discurso, sino que vive lo que predica. Para él, enseñar es una forma de cuidar, de guiar, de acompañar. “A los jóvenes el deporte les da disciplina y superación. A los adultos, salud, alegría y sentido”, resume.
Y ese sentido se refleja con fuerza en historias como la de Cecilia Soto Menares, fondista de 67 años, sonrisa contagiosa y alma incansable. Empezó a correr a los 55, por invitación del profe Higinio, y nunca más paró. Hoy es una medallista habitual y, más importante, una inspiración. “Nunca he vuelto de una competencia sin medalla”, dice entre risas, como si aún no se lo creyera del todo. Pero su logro mayor, sin duda, es otro: sentirse viva, activa y feliz.
Mientras tanto, las cifras hablan, aunque no griten. En Chile, el 14 % de la población supera los 65 años y la esperanza de vida alcanza los 81. Sin embargo, más del 60 % de los mayores no hace actividad física regularmente, y uno de cada dos mayores de 80 años tiene algún grado de dependencia. La vejez suele vivirse con temor: a la enfermedad, a la soledad, a depender de otros.
El Estado ha implementado programas como Envejecimiento Activo, que buscan promover una vida más saludable y autónoma. Pero en la pista de San Antonio, esos objetivos no son parte de un plan de gobierno: son una decisión personal y colectiva. Son personas que tomaron la iniciativa antes de que alguien les dijera qué hacer.
Porque lo que ocurre en el Círculo Máster no es solo entrenamiento. Es comunidad, afecto, propósito. Es una rebelión amable pero firme contra la idea de que envejecer es apagarse. “Aquí se gana más que medallas: se gana vida”, resume Juvenal.
Y así, día tras día, lo que podría parecer rutina se convierte en hazaña. Una zancada tras otra, los atletas máster de San Antonio corren, sí. Pero también enseñan, desafían, inspiran. Y nos recuerdan, a todos, que quizás no podemos evitar envejecer, pero sí podemos decidir cómo vivir mientras tanto.
© [2025] [Daniel Olivero González]. Todos los derechos reservados.

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