Publicado originalmente en P13 el 3 de noviembre de 2024
Rantés: Y yo le agradezco que se preocupe por mí. No creo que sea habitual que alguien se preocupe por otra persona en este lugar.
Julio: ¿En este hospital?
Rantés: En este planeta.
En tiempos donde el valor de una película suele
medirse por su éxito en taquilla, es fácil olvidar que el cine es, ante todo,
un arte. Nos hemos acostumbrado a ver una película, decidir si nos gusta o no,
y luego dejarla atrás. Sin embargo, hay obras que nos exigen detenernos y
cuestionar, películas que se elevan más allá del consumo pasajero. Hombre
Mirando al Sudeste, dirigida por el argentino Eliseo Subiela, es una de esas
películas.
Esta obra de 1987, que convocó a más de un millón de espectadores en su estreno, fue la segunda película de Subiela, quien se inició en el cortometraje documental y la publicidad, y continuó siendo reconocido hasta su fallecimiento en 2016. La película nos invita a explorar las profundidades de la psique humana y, a la vez, cuestionar el papel de la empatía en una sociedad donde la indiferencia parece ser la norma.
La historia, escrita y dirigida por Subiela, gira en torno al Dr. Julio Denis (interpretado por Lorenzo Quinteros), un psiquiatra que trabaja en un sanatorio y cuya vida rutinaria cambia con la llegada de Rantés (Hugo Soto), un paciente enigmático. Rantés asegura ser un extraterrestre en misión de observación, lo que despierta en Denis un interés profundo y lo lleva a involucrarse más allá de lo profesional.
A través de una narrativa lineal, la película nos sumerge en la monotonía del hospital psiquiátrico, donde el sistema ha relegado a los pacientes al olvido. Los médicos y el personal buscan solo mantener la calma, sin mayores expectativas que esperar un final inevitable. En este contexto, Rantés se convierte en una figura fascinante: con actos de genuina empatía y cuidado por los demás, logra atraer a los otros pacientes, quienes lo siguen como discípulos, en una clara alusión a la figura de Cristo.
Subiela construye a través de Rantés un “mesías” de los excluidos, un personaje que parece comprender el dolor de los marginados y cuya misión parece ser otorgarles dignidad. Sin sermonear, el director utiliza la historia de Rantés para cuestionar nuestra falta de compasión, contrarrestando el cinismo del sistema con la bondad genuina. Este extraño planta semillas de redención donde solo había resignación.
La elección de Subiela de incluir
referencias literarias, como *La invención de Morel* de Adolfo Bioy Casares, y
la voz en off que expone los pensamientos del Dr. Denis, añade otra capa de
profundidad. A través de estas referencias, el director nos recuerda que la
película es también una exploración de los límites entre lo real y lo
fantástico, entre la cordura y la locura, y entre la verdad y la fe.
Como toda gran obra, Hombre Mirando al Sudeste no da respuestas fáciles. Nos deja con preguntas sobre el sentido de la existencia y el valor de nuestra humanidad. Esta alegoría sobre el hombre de finales del siglo XX se presenta con una precisión visual, una narrativa sólida y un reparto excepcional, que encarna a la perfección lo que Subiela quería transmitir: una reflexión poderosa sobre la vida, la compasión y la búsqueda de significado en un mundo que ha olvidado cómo mirar.
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Sobre la película en Internet:

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