La imprenta desempeñó un papel fundamental en la configuración del “mundo moderno.” Como tecnología y medio de comunicación, permitió que la palabra escrita trascendiera el tiempo, preservando ideas que hasta entonces solo se transmitían oralmente. A través del lenguaje, los seres humanos han evolucionado, comprendiendo su entorno y expresando pensamientos y emociones.
Al principio, el conocimiento se transmitía de manera oral: relatos, mitos y enseñanzas pasaban de una generación a otra, enfrentando el riesgo de distorsión y olvido. La escritura y los alfabetos mitigaron este riesgo, al plasmar ideas en soportes duraderos. Sin embargo, la capacidad de difundir el conocimiento seguía limitada, ya que los textos se copiaban a mano, lo que restringía su acceso a una minoría letrada.
La imprenta transformó esta realidad. Al hacer posible la producción masiva de libros y documentos, democratizó el conocimiento y fomentó el aprendizaje de la lectura y escritura en amplios sectores de la población. Esta revolución tecnológica facilitó el acceso al saber e impulsó el surgimiento de nuevas clases sociales y el ascenso de capitalistas e industriales, quienes promovieron debates, reformas e incluso revoluciones. La expansión del conocimiento contribuyó a la expansión económica y cultural de Europa, consolidando su poderío e influencia a nivel global.
La imprenta no solo cambió la historia de la comunicación, también transformó la estructura social, impulsando un nuevo orden que daría forma a la modernidad en sus diversas facetas: desde la ciencia, la política y la economía hasta el arte y la identidad cultural.
Es posible trazar un símil entre la imprenta y la irrupción de Internet en nuestras vidas. Así como la imprenta permitió la propagación y conservación de la palabra escrita, Internet ha puesto a disposición de cualquiera con acceso a la red, una cantidad inabarcable de contenido en diversos formatos, idiomas y disciplinas.
Dimensionar el impacto real de Internet es complejo, pues el cambio constante es su característica esencial. La innovación tecnológica ha puesto en manos de las personas, dispositivos que permiten estar conectados en todo momento y lugar. La hiperconectividad ha transformado casi todo: las relaciones humanas y comerciales, la política y el debate, la educación y el acceso al conocimiento.
La instantaneidad de Internet permite logros en tiempos mínimos en casi todas las áreas del quehacer humano. Sin embargo, siempre hay bemoles. En su momento, la imprenta fue responsabilizada de propagar herejías y subversiones, de atentar contra las buenas costumbres; hoy, las críticas a Internet señalan su impacto en la salud psicológica (aislamiento, depresión, suicidios), su papel en la difusión de ideologías de odio o teorías revisionistas de la Historia y su contribución a la polarización, la intolerancia y la manipulación de la opinión pública.
Pero también ocurre lo contrario. Internet permite construir comunidades, compartir conocimiento y promover el entendimiento mutuo. No es Internet en sí la fuente de estos problemas; el problema está en nosotros. Es nuestra esencia como especie, donde conflicto y conciliación coexisten en un equilibrio inestable. ¿Avanzaremos hacia algo mejor? Todo dependerá de las decisiones que tomemos como humanidad. Será, finalmente, una decisión ética y moral, no tecnológica.
Referencias bibliográficas:
Burke Peter, Briggs Asa. Briggs. (2002). De Gutenberg a Internet. Una Historia Social de los Medios de Comunicación.Traducción de Marco Aurelio Galmarini. Santillana.
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